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LA PRECISAMOS Es ya muy viejecita,
Señor...! pero haz que aún viva. El solo pilar, resto de aquel antiguo templo
de hogar que conservamos. Custodia del retrato
del padre, fiel vigía, de todo cuanto fuera lo
aquello, candelabro de dos brazos orando
perenne, lumbre apenas rozada por la brisa. Señor, que no se apague; en ella está la llama
fraterna que nos liga. Un curso diferente,
partimos cada uno llamado a
cosas nuevas y nuevo hogar, sólo
ella quedó en la casa vieja
queriendo las paredes, el suelo
que anduvimos, la antigua mesa, el
todo de entonces, que hizo
rama propicia para un sueño
perpetuo de armonía. Señor, la precisamos, hoy más que siempre, anciana, desierta de
presencias, poblada de recuerdos, en un anhelo, nunca
saciado de tenernos. Ternura de un dormido
regazo que nos guarda como antes. Oh, la entraña caliente donde aún duele caliente
nuestra pena. Señor, que no nos
falte. Vencida, cada día
pequeña, más pequeña, más huérfana de todo,
más cerca de dejarnos, ya es casi
la hija nuestra. Sumisa como un niño,
deseosa de ser grata,
temblante, retraída, temiendo no ser todo lo
leve que quisiera cabeza blanca triste, y
manos sacudidas de invierno,
y esos pasos que apenas ya si suenan. Señor, en su sangre lentísima que andamos, del brazo
todavía como antes cuando niños, unidos. Que no quiera su sangre detenerse,
Señor, la precisamos...! |