YO NO TENGO LA CULPA. . .

 

Yo no tengo la culpa

de amar tenaz la sombra de las cosas que fueron,

y sentir la impaciencia del misterio que ronda,

y vibrar la certeza de la luz que fulgura.

Yo no tengo la culpa de quedarme conmigo

en la hora del brindis, del laurel, de la espiga,

en refugio de infancia, en retorno de escuela,

en regreso a la tierna canción adormecida.

Yo no tengo la culpa de sumarme a la noche,

de soltarme en los techos en congoja de lluvia,

de morir de vergüenza con aquél que se humilla,

de quemarme en la fiebre mortal de los enfermos,

de dolerme en las hojas pisoteadas de otoño,

de gemir en las ramas de bramar con el viento.

Yo no tengo la culpa de ser una partícula

del cuerpo de la pena,

del coraje, del sueño, del amor por la eterna

tristeza de los hombres.

Sólo tengo la culpa

de reunir en mis versos el dolor que rezuman

esas cosas amargas que remuerden y acusan,

de eso tengo la culpa...!