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Poema para un remordimiento Fué un día como éste y también de Setiembre. Yo tenía menos hojas marchitas y mi tronco más verde. Tu llevabas un remanso en las sienes, y un penacho de cumbre destruída de vientos. Jecarandá y laureles; las paredes vegetales de mi ciudad, y el cielo. Todo parecía posible. Que no fuéramos tristes ni tuvieramos miedo. El corazón crispaba su voz, como una mano, en último mendrugo, con hambre de morirse. Era un río desnudo, despeinado de soles, y una arena de peces plateando desde el fondo. Un aire adolescente, con los brazos abiertos, buscaba mariposas, besandonos el rostro. Todo parecía posible. Nos crecían sangrando jardines en el cuerpo. Había una femenina ternura en el espacio, y estío prodigioso volcaba sus
espumas. El fruto ya mordido y hermético en la copa. El intuído zumo. Detrás del horizonte, se ondulaban azules los aromas del lino. No supimos asirnos a las carnes del tiempo. Las nubes se llevaron la espiral de la hora, y se murió Setiembre, cobarde en nuestras venas.- |