ETERNIDAD No me digan que es tarde, ni me digan tampoco que estoy lejos. Es ahora y aquí, claro camino, andar de río y corazón de huerto. Es el sitio y el tiempo coincididos, de enseñarle a mi niño en balbuceo a decir compasión, madre y hermano. De mostrarle a la rama en que amanezco, que el amor es amor, que el hombre es bueno. No me digan que es tarde cuando escucho, nacida voz recién del universo conque el aire acaricia vegetales, y serena el contorno de las piedras, y conmueve las carnes del océano. No me digan que es lejos, si ya tengo, el aroma y el trino entre mis manos. El espacio y el tiempo aprisionados, en la risa gozosa de mis hijos, en el campo brotado de mis versos. |