PARA DECIR TREPADO EN UN SOLLOZO  
 
Debajo de esta piedra, detrás de esa colina
profundo en las raíces del árbol cuyo fruto
nos llena de veranos la boca y nos desborda,
            yo sé que allí hay un niño.
 
Lo escucho, puedo verlo; después de aquel martirio
de rostro entre los hierros enhiestos de la reja,
lo veo en todas partes, lo duelo, lo respiro
lo intuyo en le reverso nocturno
del espejo,
lo sueño, lo presiento, lo busco, lo alucino
me quiebro el pecho, quemo
mi fuego entero,
grito,
sacudo los portales herméticos, arranco,
los techos, las paredes, penetro
con el frío desnudo y con la horca,
cargada y con la tumba del niño sabido
me prendo de la cuerda más larga hacia las torres
más altas.
 
Que repiquen y suenen y resuenen, y llamen
y despierten y digan y maldigan
y acusen
las campanas. Alguna vez que acusen los bronces
y recoblen a incendio y a naufragio
y a miedo, niño solo; murciélagos y brujas
y monstruos, cicatrices, y látigos y crueles
palabras como cruces,
y clavos y gigantes, como hombres, rejas,
rejas,
por todo apoyo y todo regazo
            hay que salvarlo!
 
Que no le pisen los ojos, que no le borren
las manos,
que no le suelten los perros del hambre,
que lo desaten.
 
Jadeantes por pantanos de horror, desnudo frío,
golpeado, profanado, sombrío, embrutecido,
camina como un toro, y acaso como un viejo
pesado ser de siglos, mirándonos
opacos sus ojos
como fosos, abiertos y despiertos de muerte
por pantanos, mirándonos, yo grito
            lo he visto, hay que salvarlo!
 
Debajo de la almohada del Juez como un castigo
sepulto pero vivo, lo he visto;
en el pan blanco
besado y en la impune
sangría de ese vino de cena del verdugo, lo he visto;
en la penumbra de cunas donde el aire
tiene ángel y un susurro
se posa en la mejilla dormida, insomne, torvo
sin ángel, yo lo he visto.
 
Del lado del silencio del bronce
en las manijas
calientes y pesadas, cansadas, como bueyes, lo he visto
y en el fuego y el hielo, y en el nido vacío
y en el hilo del filo del cadalso
lo he visto.
 
Entre los pliegues del boato de los templos, mendigo
tras los muros seguros de un piadoso refugio
para perros, lo he visto.
            con su piedra madura, su cuchillo
su coágulo allí dentro, sin antes, sin principio
sin néctar desde un blanco rumor madre,
sin madre,
sin hombre que la hubiera querido, entumecida
memoria con un solo brutal gutural
grito, por toda patria
orilla sangrada
y el exilio,
            lo he visto.