SU ALTEZA Y EL HAMBRE
 
Y el hambre, es el hambre.
Su Alteza se trajo
sesenta apetitos consigo
y los sacia.
Sesenta apetitos que comen
y sorben
la carne y la sangre
del niño del mundo
muriéndose
de hambre.
Y el hambre es el hambre.
Se llenan la boca
los hombres que mandan
con esa plabra de duelo y cansancio
que nunca probaron.
Y el hambre es el hambre;
baúles, pertrechos,
festín
zalagarda,
y el ay, crisantemo de fiebre,
mortajas
de orquídea, azucenas,
y el pútrido suelo cubierto de niños
y el sol que retorna del requiem
contempla,
no lloran, no rezan, no saben, no miran.
Los nácares rostros,
y el hambre,
y la fiesta.