LLEGAR ENTERO
Cuando hemos alcanzado ya la hora
de escribir serenamente
nuestro propio
ciprés,
sembrar nuestro epitafio
con la semilla sana
de haber sido,
sabernos pretéritos ya
y todavía respetuosos
de nosotros mismos.
Cuando hemos llegado a condensarnos
como síntesis final
de propia voluntad y propia hechura.
Cuando nos palpamos en plenitud,
con sentido de hoy,
como única manera de auténtica verdad.
Cuando nos descubrimos en cada hijo,
calcado a nuestro mismo error
y a nuestro acierto,
con vocación de crear.
Cuando hemos ejercitado el torso
a inclinar fatiga
y erguir en esperanza,
cuando hemos levantado el alma
desde el verso al tiempo de la aurora
y nos hemos quedado muchas veces
volcados
en la inhallada veta de cantar.
Cuando cesamos de arder prisa
por escuchar nuestro nombre
en labios consagrados,
y a latir impaciencia por saber de nosotros,
por nosotros mismos,
es que podemos dejar ya nuestro atado
al pie de la pala honda, y es que ha llegado
la hora de excavar.
Allí hablaremos del metal contra el suelo
con el espacio que vayamos ganando
para nuestra paz.
Allí aromaremos con la frescura de la noche
abriéndose para las flores,
y pensaremos en nuestro ser futuro
como en un recién nacido
yaciendo bajo ramos y pétalos
y cabos secos.
Allí, entonces, será la señal
de terminar de mirar el suelo y de levantar
los ojos de ver las cosas de abajo
al altar de todas las ascensiones y de quemar,
entonces, un incienso de estrellas
en torno nuestro, hasta terminar con la última
constelación. |