CUANDO TU SEPAS MUCHO Ven acá mi pequeño, ya está limpia la mesa, y trae tus cuadernos. Me quedaré aquí cerca, mirando cómo estudias. En voz alta, te ruego, que aunque yo no comprenda ha de saberme a música. Tú sí, harás cosas buenas, cuando seas el hombre bien hombre que yo espero. Y cuando tú seas, así como te quiero, como la miel de bueno, como el dolor profundo, como el acero, recio, con todo lo que sepas y todo lo que sientas podrás cambiar el mundo. Tú verás hijo mío, porqué no alcanza el trigo para todas las mesas y no hay calor bastante, y hasta el aire escasea. En voz alta te ruego, aunque yo no comprenda. Tú encontrarás la forma, tú hallarás la manera de que cesen los hombres de padecer miseria. El cansancio, ya siento, doblega mi cabeza, pero yo necesito compartir en fatiga la carga de tu esfuerzo. Tu voz nombrando mares, montañas, diques, puertos, me arrulla y reverdecen ternunas de mi infancia marchitas en el tiempo. Y soñando en el hombre que serás, mi pequeño, como un niño que espera que el alba nueva traiga cumplida una promesa, feliz me iré durmiendo... Y la noche está fría, y es de hielo el silencio, montañas, mares, puertos, ya apenas si te escucho; cuando tú seas grande, cuando tú sepas mucho, hallarás la manera de mejorar el mundo. |