PARA MIS HIJOS 
 
Dame,
la levedad del vuelo
en la paleta
del estío, Señor,
cuando la brisa, suelta apenas
sus alas; que no abrume
mi plenitud frutal
y que no pese
mi madurez, sobre ellos.
 
La intuición del profeta, Señor,
dame, a adivinar su voz y a recogerla,
y la humildad del santo,
y el silencio
de tus campos vencidos
de amapolas, a la hora en que sueñas
con criaturas,
soledosas de madre,
y las acunas
 
Dame,
la claridad del día en que se nace,
para que ellos me vean,
a través aún
de sombra,
y que me sepan.
 
Dame el sabor, Señor,
de tus panales,
para serles de miel
en el acíbar, y de pan y de paz,
y la celeste
serenidad del cielo,
cuando piensas
en veranos y lagos, y haz que toquen
mi corazón en ella,
y me comprendan.
 
Y hasta el día de cerrar mi plegaria
y de entregarme,
mansamente, dignamente,
haz que yo haga posible
que me quieran.