PARA MIS HIJOS Dame, la levedad del vuelo en la paleta del estío, Señor, cuando la brisa, suelta apenas sus alas; que no abrume mi plenitud frutal y que no pese mi madurez, sobre ellos. La intuición del profeta, Señor, dame, a adivinar su voz y a recogerla, y la humildad del santo, y el silencio de tus campos vencidos de amapolas, a la hora en que sueñas con criaturas, soledosas de madre, y las acunas Dame, la claridad del día en que se nace, para que ellos me vean, a través aún de sombra, y que me sepan. Dame el sabor, Señor, de tus panales, para serles de miel en el acíbar, y de pan y de paz, y la celeste serenidad del cielo, cuando piensas en veranos y lagos, y haz que toquen mi corazón en ella, y me comprendan. Y hasta el día de cerrar mi plegaria y de entregarme, mansamente, dignamente, haz que yo haga posible que me quieran. |