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CULMINACION
Quien sabe la sombra nocturna, no pueda
dormir
por mi culpa.
Un ala en espacio, sin signo quedado en azul,
mi transcurso desnudo de huella,
yo estoy aquí, sola, y acaso ya toda
brotada de ausencias.
Nomás un silencio tan hondo y tan cierto,
que ya tiene cuerpo, respira,
y me asusta.
Las hojas del árbol muriéndose, quieren
asirse del aire.
Yo estoy suspendida, muriéndome, donde
mi cuenco de almíbar, mi luz,
mi paloma.
Presiento que un sitio prepara, se ahueca,
cincela mi forma precisa;
la lluvia
desciende y el río desciende, me inundan
los peces de todos los mares que anduve.
Salobre el recuerdo de un llanto de niño, perfora
mi muro de asfixia, y me duele. Ingrávida sufro.
No saben los fuertes, tempranos y verdes
que aún quedan y crecen,
que hay lágrimas dentro de cada ya ausente.
Los días pusieron su piedra pesada
y un ramo de rosas livianas
sobre ella.
Ser cuna de rosas, rubor en la niebla,
su néctar me aroma y endulza, ya zumban
en torno las rubias abejas hambrientas; seré miel
en alguien.
Lejana, me escucho nombrar, no sé dónde, me pierdo
y acaso
no fui todavía, ni estuve aquí nunca,
me llaman,
y es tarde.
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