Un verso estúpido Arranqué la noche con un verso
estúpido, vacío y
simple, que hablaba de
lo que sentí el día en que te fuiste. Lo releí
despacito, saboreando cada estrofa, con el regusto
de güisqui escocés escociéndome
tras la lengua. Lo rompí mil
veces y otras mil, diciendo que
era malo sentir lo que ya pasó. Y mientras lo
rompía una vez más me comía por
dentro la gana de volver a leerlo. Proseguí la
noche tarareando una canción y pensando que
no podían ser peor aquellas rimas sencillas que
acababa de firmar. Las boté por
la ventana cayendo
suavemente contra el pavimento de la acera. Menuda mierda
de poema que he escrito. El alba me
encontró pisoteando los pedazos de papel que tirara
sobre los adoquines, escupiendo con
ganas lo que de ellos quedaba. Y me fui con
el sol persiguiendo calle a través
al barrendero que se
escapaba con mi gran obra enredada entre las
cerdas de su escoba. |