Un verso estúpido

 Arranqué la noche con un verso estúpido,

vacío y simple,

que hablaba de lo que sentí el día en que te fuiste.

Lo releí despacito, saboreando cada estrofa,

con el regusto de güisqui escocés

escociéndome tras la lengua.

Lo rompí mil veces y otras mil,

diciendo que era malo sentir lo que ya pasó.

Y mientras lo rompía una vez más

me comía por dentro la gana de volver a leerlo.

Proseguí la noche tarareando una canción

y pensando que no podían ser peor aquellas rimas

sencillas que acababa de firmar.

Las boté por la ventana

cayendo suavemente contra el pavimento de la acera.

Menuda mierda de poema que he escrito.

El alba me encontró pisoteando los pedazos de papel

que tirara sobre los adoquines,

escupiendo con ganas lo que de ellos quedaba.

Y me fui con el sol persiguiendo

calle a través al barrendero

que se escapaba con mi gran obra

enredada entre las cerdas de su escoba.