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Quitaos, gatos, quitaos
que aún os voy a aplastar: misi, misi. Me colgaban los pies de la ventana.
Veía a mucha distancia la gente pequeñita, haciendo aspavientos con brazos y
cara. Seguía haciendo frío, me cerré la chaqueta de pana, rotas ya las
coderas, y deshilachada, pero aún era mía. Carmencita ya no. Los bomberos llegaron,
con sus carros rojos de combate. Y me gritaban que no me asustase. Asustados estaban
los gatos, ya no quedaba ni uno: misi, misi. Carmencita tardó un poco en
llegar, se bajó de un coche negro, con un flamante vestido rojo, escotado, y pintada
como una cualquiera. Probablemente estaría codeándose con la jet set y yo la
había interrumpido.Bueno, sólo quería que supiera que aquello iba por ella,
como los toreros. Me puse en pie en el alféizar. Santa María Purísima. que
llena eres de gracia. perdona mis pecados y. Un petardo con un megáfono
disparaba consejos a una velocidad increíble. Coño, deja que termine mi
oración. y líbranos del mal. "¡No lo haga!.. Carmencita está dispuesta a
volver con usted!" Mire para ella, me sonreía como si tuviera dos pinzas
de colgar la ropa sujetándole los labios a las orejas. Rosmaba algo. Hablaba
igual de bajo que siempre, me sacaba de quicio: no la podía oír. Y líbranos
del mal, amen. Solté mis manos y
caí al vacío. En esos segundos se me pasó todo por delante. Mi vida.
Las lentejas de mamá. Las palizas del colegio. Los calcetines sin puntera, y
un dedo gordo saliéndose. Sanxenxo. Cerveza en la pausa de la fábrica;
cerveza-erupto-risas. Ramona con los cupones. El 67450 premiado. Ramona con chofer.
La Luna. Ser astronauta. No ser astronauta. Pero los segundos eran pocos
(dicen que la velocidad de la gravedad es de 9.78 m/s, y ya le llega) y Carmencita
no aparecía por mi mente: el suelo llegó antes contra ella. |