Barba de tres días colgando de la mejilla


La imagen gris, desaliñada, despeinado sin peinar y eterno guarro enemigo de la ducha de agua fría. Con esa barba podrida, de siete días y siete noches, que cuelga aburrida  mejilla abajo, y esa mirada de perro sin hueso buscando cobijo al amparo de un dueño, que al cabo, lo convertirá en maltratado. Paseos solitarios, En el parque del barrio Acompañado de un regimiento De maleantes de tres al cuarto, Discutiendo con la bebida Los pesares del crack del 72. Olor a güisqui del barato, saliendo de una lengua de lija y una ristra de dientes  perdidos entre tanta borrachera  y conversación de gilipollas.

Consumía sus noches  durmiendo los días; soltando un "nena", mientras ellas, estúpidas, entre amores de barra, escotes en guerra, carmín con fusil y chochos en pena se deshacen en  el sudor, de un cuarto de hora  de sexo gratuito. Y quien les dijo a estas que no tenías  una maldita goma con que guardarte para ti, las infecciones, enfermedades y otros males, que a tus edades te comen los órganos. Y seguirá meando  contra la catedral Y bostezando sin pesar En su misa del domingo. Pidiendo perdón A su amigo, Dios, Por los pecados cometidos. Como hasta ahora, demostrarás que no vales en duros, lo que un día prometiste  como corsario de islas y mares que se extienden a lo largo del planeta que pisamos, y te derrumbarás en cualquier esquina a  enchufarte sin el mayor reproche alguna mierda que un alma caritativa, te regaló anoche.