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Barba de tres días
colgando de la mejilla
Consumía sus noches durmiendo los días; soltando un
"nena", mientras ellas, estúpidas, entre amores de barra, escotes
en guerra, carmín con fusil y chochos en pena se deshacen en el sudor,
de un cuarto de hora de sexo
gratuito. Y quien les dijo a estas que no tenías una maldita goma con que guardarte para ti, las
infecciones, enfermedades y otros males, que a tus edades te comen los
órganos. Y seguirá meando contra la catedral Y bostezando sin pesar En
su misa del domingo. Pidiendo perdón A su amigo, Dios, Por los pecados
cometidos. Como hasta ahora, demostrarás que no vales en duros, lo que un día
prometiste como corsario de
islas y mares que se extienden a lo largo del planeta que pisamos, y te
derrumbarás en cualquier esquina a
enchufarte sin el mayor reproche alguna mierda que un alma caritativa,
te regaló anoche. |