APUESTAS DE CABALLOS

Eran dos corredores de apuestas
que apoyaban el caballo
que más duro fuera.
Siempre blanco el animal
y mantenido a raya,
desde que sonaba la campana
del disparo inicial
hasta llegar el primero a una meta malsana.
Cabalgaban poseídos,
uno a la par del otro,
atendiendo rendición del compañero
antes del último momento.
No buscaban engreídos jinetes,
con pantalones apretados
y un par de casquetes;
sino perseguían bestias
que corriesen veloces
con crines y cola enredados
dientes en filas
y lomo trabajado.
Zinchas de puro cuero
apretaban sus fibrosos cuerpos,
estribos en oro
y riendas de primera
completaban el equipo
con gran decoro
Espumeaban los monstruos,
en dos patas
raspando el suelo molido
como fieros toros,
diciendo que ya querían salir,
y ganarse lo merecido.