PERSIGUIENDO LOS CIPRESES


Las, como siempre, oscuras copas
de los tristes y grises cipreses
a lo largo del camino se pierden,
hasta estrellarse contra el fin de su loa.
"¡Qué secas y qué amargas parecen las hojas,
ya no son lo que un día fueren!"

Persigue, un hombrecillo,
del que tal vez diría no es más que yo,
la constante sombra de los árboles,
pensando que allí  hallará
la perdida inmensa paz.
Persigue así una sombra en unos soles,
sin entender que esto es imposible.

Deja ya de desperdiciar
un glorioso tiempo
con el que podrías la fortuna acariciar,
y disfrutar de la buena vida y su acarreo.