Nuestras manos

He mirado tus manos sosteniendo las mías...
blancos estandartes, de fuerza contenida,
regando mis dedos, con un tacto... absorto.

Has trenzado sus falanges sobre mis nudillos,
besado mi palma con la tuya
y una corriente de placer ha invadido mi brazo.

Hemos permanecido en silencio
sintiendo la intensidad de nuestras manos
saciándose en el éxtasis de esa caricia.

Manos... que tanto dan y tanto toman;
sólo os quise en ese instante
para absorber el placer
del enérgico contacto...

para dejarle a él sentir
la sinceridad de mi alma
a través de la estrechez
de nuestros dedos y palmas.

Quise sentir su vitalidad como corriente...
transmitida del centro de su cuerpo al mío,
sin necesidad de... nada más.

Se abrazaron nuestras manos,
como se abrazarían nuestras almas:
con una desnudez... desvergonzada.

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