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Cuando te pierdes...
Sí...
Con la furia que despiertas
a mí, se me enciende la cara,
¡que no hay odio más mezquino
que el que encierran tus palabras!
Rojas mejillas las mías,
al sonar de esas palabras...
con que golpeas, vehementes,
en carcomida ignorancia.
Ciego de negras pasiones,
¡que mala que tienes el alma!
si condenas por desdenes
a las gentes de otras razas.
¡Que pena me das,
triste sombra de hombre,
cuando pierdes así
tu calidad humana
odiando y desdeñando, pobre...
carente de comprender...
sin nada!
A mí me avergüenza, ¿sabes?...
esa ira que te daña...
y poco a poco te ciega
y tu entendimiento empaña.
Que mi pueblo se compone
de gentes de tantas razas
y doctrinas diferentes
comulgando... en amalgama
¡Ay! tú, ¡que ignorante!
juzgas mal,
ciego de rabia
creyéndote tú, mas hombre
cuando a los otros arrastras.
¡Mal humano! ¡Mal parido!
el que en su corazón embarga
el odio hacia buena gentes
porque otra cultura abrazan.
Que somos todos de carne
todos venas que desangran...
si heridos por ese puño
que tú con furia descargas.
Ciego estás... cuando te pierdes
y con tu odio te ensañas
en las glorias de mi pueblo
que todo unido...
¡se llama España!
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