El abanico

Se abre de pronto,
desplegado en movimiento...

Varillas de nácar,
agitan estáticos
aires soñolientos.

Mis ojos lo siguen,
que bello el momento:

la mano guiando
cada movimiento,
y prestando goce,
a un aire despierto.

¿Por qué me interesa,
si sólo se trata
de un mudable gesto?

Verás lo que ocurre:

observándolo pienso,
que nuestras horas
y vidas comparan
a ese abanico
de varillas firmes,
desplegado
e inquieto.

Abanico en reposo...
Un alma que duerme.

Al toque de gracia,
se abre despierto.

Varillas continuas...

Diferentes sentimientos,
dependientes, todos,
de un mismo centro.

La belleza, el arte,
lo presta la mano
que sabe moverlo;
la ternura, el idilio,
la sed de sapiencia,
la lleva implantada.

Sacarla hacia afuera,
es algo que nace
de interno deseo
si saben, acaso,
angélicas manos,
tenerlo despierto.

Mira como baila...
¡Qué gesto más bello!