Nada tan tenue, nada tan delicado, nada tan sumamente complicado de
desenredar, como el intrigante hilo de la vida...


El funambulista


Había hecho del equilibrio, una circunstancia constante de vida y forma. Su cuerpo, un mimbre tierno flexible hasta el extremo; su mente, un acordeón en notas sinfónicas fluyendo al ritmo de ocultas melodías.


Así y todo, la pasión por lo imposible lo exaltaba, y hubo de asirse a una fibra microscópica tendida del piadoso cielo, para continuar trazando sus delirantes piruetas conceptuales:



Vivir, volar;

vivir, volar...

Funambulista eterno,

mente y materia.



Vivir, volar;

vivir, volar...

Su letanía,

 

incluso en sueños:

complicidad.



En esa pasión que sólo acompaña a la locura, comenzó a pensar que nunca alcanzaría su potencial final hasta ser enteramente libre. Su delicada atadura a la bóveda celeste, lo encadenaba, y en un arrebato fue el considero un signo de singular magnificencia, se deslizó de tan seductora fibra...

 

Fue su instante de grandeza: un intrincado balanceo en el abismo de su mente, cuando comprendió a destiempo que todo es relativo:


La vida en libertad, es la posibilidad que fluye del reconocimiento de nuestras propias limitaciones...


Vivir, volar.

Asir el cielo...

Eternidad.


Vivir, volar...

Rozar el cielo,

besar el mar.


Vivir, volar...

!Todo es un sueño

de libertad!