|
Ajenamente
Difuminada entre la nada
quedará la gloria,
estática,
y sórdida y ajena,
casi olvidada,
la roca en que tu pié
perdió su paso.
¡Qué poco valor el que tenemos,
si al mundo entero confrontados,
si la vida y la muerte que nos toca,
son apenas los instantes
que otras suertes nos echaron!
Tan ajeno
nuestro hado a nuestra vida,
tan ajeno y obligado,
como aquello que,
por ende,
en nacimiento
nos fue dado.
|