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Rota
La vi partir,
cargada de sus cosas:
un baúl pequeño,
para su ya crecida vida;
una maleta marcada de etiquetas
y en su mano,
la carpeta de dibujos
que ella nunca abandonaba.
La vi marchar,
con un paso lastimero;
con sus dudas enredadas
en los bultos que llevaba
y un temor inmenso
ante tu falta.
Pensé por un momento
en detenerla;
instigarla a olvidar
el intento de su fuga.
Mas observando sus dolientes ojos,
me contuve;
nada dolió tanto
como verla irse, y saber,
que no debía yo evitarlo,
cuando mi voz
clamaba por retenerla.
Pero sé,
que ni tú
mereciste su cariño,
ni ella,
que le hicieras tanto daño.
***
Lástima de tus risas, que se fueron
pegadas al vestido que llevaba.
Lástima de saberte inmerecedor
de una palabra mía en tu defensa...
Lástima de verte así dolido y aún dolerme
de la incomprensión con que recibiste su partida...
Que no fue
por su gusto el que se fuera,
ni por el mío,
el ahora ver tu herida.
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