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Sólo humana
Escucha, mi Angel...
¡no sufras por nada!
Yo te llevo dentro,
tan dentro del alma
que no pasa instante,
de llanto o de calma,
do tu imagen pierda
presencia y constancia.
Me duele tu pena,
pues la sé tomada
de mi propia angustia
que no sé ocultarla;
perdona, mi cielo...
comprende, mi alma
que tú, eres Angel...
y yo... sólo humana.
(Ninfa, Las Arenas II)
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