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Redención...
Entre tu voz y la mía
se han tejido acordes poderosos:
el suave interludio de quejidos
al paso trémulo
de caricias mutuas.
Que es un canto de tiernas armonías
sacudiendo con espasmos las entrañas;
mas llegando al corazón,
despiertan y se proclaman,
cual milagro, los quejidos leves,
en un cántico de redención...
de nuestras almas.
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