Horas displicentes

 

Caerán del cielo las horas displicentes,
como una baza esquiva en el tablero de la vida
y tú, me mirarás, desde el conocer incierto
y yo te observaré, desde mi mente inquisitiva.

¿Quién me dirá,
si es momento propicio para amarte?
¿Quién?
si el espacio y el lugar
lo tomó otra...

¿Qué decisión será
la acertada del instante
y qué jugada,
la apropiada de esa hora?

Caerán del cielo,
como cae un ave herida:

toda dolor, toda esperanza...

y  con fe, daré yo, de mi paciencia,

y un lugar, para hacer en mí...
su estancia.

Hora de luz,
hora tiniebla.

Hora de risa...
hora de llanto.

La vida se gasta...
muerte ganando,

que hora tras hora,
se va acercando.

Vuelvo los ojos,
(desesperados)
hacia los tuyos:
¡te estoy amando!

No esperes más...
¡derrota al llanto!

que
         caen
                    las
                       horas...
        
          y

m
    e

          v
             o
         y
     
m
   a
       r
           c
    h
       a
    n
d
   o
    .
   .
   .