|
Retablo
Palpita en mi mano,
el triste latido
de un corazón olvidado...
(vida pasiva que ya,
ni él mismo nota)
y en su anquilosada angustia
anida mi seno...
aleteando.
---
Me alojé en su otoño,
huérfano de soles...
y con dorados musgos
cubrí mi piel;
el eco de mis latidos
resonó en su pecho,
persistente,
y despertó a la vida
la ternura de un ayer.
---
Nació la luz,
desde el pozo de sus ojos
e invadió mi espacio de claridad,
sin profanarme:
áureo abrazo
nido de ensueño;
que siendo mío,
es hoy...
mi dueño.
|