El rostro
del hermano se ilumina
suavemente.
¿Floridos desengaños
dorados por
la tarde que declina?
¿Ansias
de vida nueva en nuevos años?
.
¿Lamentará
la juventud perdida?
Lejos quedó
—la pobre loba— muerta.
¿La
blanca juventud nunca vivida
teme, que
ha de cantar ante su puerta?
.
¿Sonríe
al sol de oro
de la tierra
de un sueño no encontrada;
y ve su nave
hender el mar sonoro,
de viento
y luz la blanca vela hinchada?
.
Él
ha visto las hojas otoñales,
amarillas,
rodar, las olorosas
ramas del
eucalipto, los rosales
que enseñan
otra vez sus blancas rosas...
.
Y este dolor
que añora o desconfía
el temblor
de una lágrima reprime,
y un resto
de viril hipocresía
en el semblante
pálido se imprime.
.
Serio retrato
en la pared clarea
todavía.
Nosotros divagamos.
En la tristeza
del hogar golpea
el tic-tac
del reloj. Todos callamos.
.
