TENGO ENVIDIA

 

 Tengo envidia,

de tu felicidad, tan simple, tan lisa,

que se muestra concisa y enamorada

con tan poca cosa,

una sonrisa del niño, el sol en una terraza,

una tarde distraída mientras otros trabajan.

 Pero en mi

cuantas cosas bullen. No basta.

 Cierta especie de flores esperan

que las convoque con otra risa.

Lenguajes despechados , sin etnia conocida.

Buques sin huella ni camino, de pena solos.

Y todo eso dentro, haciendo méritos,

esperando la campana y la hora.

 Por eso, pues, hay tanto desierto,

tanto siglo vacío sin panes ni peces.

 Así que abro  mis pupilas

para que paste la docena de unicornios,

para envolver la fórmula del acertijo

en una trepidante hazaña de grafías nuevas.

 Sí, preciso saber, aunque no haga falta,

por más que los edificios bruñidos no escuchen,

por eso estudio como sufren los charcos

cuando los pisan, y otras tantas cosas.