EL CALOR VA ENTRANDO
Ahora con las
calendas sientes de nuevo como abre el calor una vida oculta en ti. Me gusta sudar, que las entrañas sepan de los lenguajes ocultos del sol, de la trepidante actividad de nuestra estrella. Que mi piel
transpire, laboriosa , que mi cuerpo haga su trabajo bajo la atenta inspección del astro vigilante. No entiendo a
quienes rehusan recibir esta naturaleza palpable de la piel. Se atemorizan y
encierran bajo brebajes, lociones que perturban la paz epidérmica, negando la efusión de las aguas, cerrando el paso a las marejadas internas que nuestros relojes promiscuos organizan. También gusto de
sentir el calor en ti, de tenerte húmeda y apabullada en lo más hiriente del torbellino, tocarte deshecha de sudor y marasmo, cuando el gemido más tierno rompe el mediodía al apretarte las manos , fogosas. Es así que hay calor
dentro y fuera. En las lágrimas salinas que nos resbalan, espaldas abajo, rumbo a fronteras y conjunciones magníficas, prestas a fundirse alli en lo más hondo de los pubis. Calor que derrite y
aprisiona, savia templada y valiente derramandose caliente más allá de los dominios arcánicos que comienzan donde no siguen los muslos, calor de saliva incrustada, domada y térmica cuando se estrella en su objetivo , apresurada. Ay furioso fuego de
verano, cuanto me gusta. |