LAMENTACIONES

Señor
Mientras tenías los brazos
clavados para no azotarme
tenía yo la cobardía
de ofenderte y zaherirte.

Señor, no escuches ni clamor,
ni te apiaden mis lamentos.

Viéndote cautivo
y atado los pies
penetraba en tu rebaño para hurtar
lo más preciado de tus ovejas.

Señor, no escuches mi clamor,
ni te apiadan mis lamentos.

Mientras eras un Cordero Pascual
era yo el lobo en acecho,
el cuervo hambriento
o la hiena desenfrenada.

Señor no escuches,

Y cuando por mi impotencia
no alcanzaba herir
mi villanía se holgaba
en macular y calumniar.

Señor, no escuches,

Rendida tu cabeza
y oculta tu cara
pense que tus ojos
no me mirarían.

Señor, no escuches,

Y penetré al santuario de tus arcas
para robar tus joyas
y hartarme con la inocencia
de tus tesoros angelicales.

Señor, no escuches,

Y en tanto que estabas exánime
no temí ni tu cólera ni tu justicia,
por el contrario celebré tu muerte
por creerme libre de tu vigilancia.

Señor, no escuches,

Y sobre la loza de tu sepulcro
acumule montañas de piedras
para medrar a mi antojo
y no verte resucitar.

Señor, no escuches,

Malvado más refinado
no tuvieron las cavernas,
ni endriago más horrible
hubo en el mundo como yo.

Señor, no escuches,

No me alcance tu misericordia,
ni merezco la gracia que desdeñé
y mas bien sea yo aniquilado
para escarmiento de los réprobos.

Señor, escuches mi clamor,
ni te apiaden mis lamentos.