La orquídea y la shona Nació en Hualalay el más vergel encantador de la campiña tauquina y cuando el botón del rosal estaba para abrirse se la llevaron a lima, aquella flor primaveral era un portento de hermosura, su aparición en la capital coincidió con la aparición de la exótica orquídea.. pero mientras que la orquídea era sólo inefable la shona era adorable, y en tanto que la orquídea podía suscitar la admiración la shona podía prodigar las más dulces caricias; y mientras que la orquídea transportaba al alma a lo sublime la shona transportaba la ilusión a un edén paradisial, la belleza de la orquídea era para el alborozo de la vista y glorificación del arte, la belleza de la shona deslumbraba la vista y magnificaba el placer sensorial, era la una la idolatría del artista, la otra era la idolatría del artista enamorado, apenas si a la orquídea se le podía dar un ósculo mental, en cambio a la shona se le podía besar a profusión, terso e impalpable los pétalos de la orquídea, suave el cútis de la shona y sensible al beso y la caricia, los colores de la orquídea fascinaban por su tono novedoso, los tintes de la shona eran de la primavera, aquellos arrobaban la mente, éstos embelesaban los sentidos, el más pequeño pétalo de la orquídea bastaría para engalanar una exposición de flores; un sólo seno de los de la shona habría sido suficiente para proclamar la excelsitud del arte y la maravilla de la belleza, la orquídea aquietaba el espíritu y lo transportaba al ensueño, la shona lo enajenaba y lo transportaba al deliquio amoroso. En posesión de la orquídea se gozaba el placer de lo bello, en posesión de la shona se gozaba la gracia de la belleza y el placer imponderable de la creación artística. |