Cory Saya la comunidad de Taule, de milenaria estirpe pre-inca es sucesora de aguerridas generaciones que siguen defendiendo los intereses de la comarca, un regimiento taulino por orden de Huayna Capac fue trasladado en misión especial a la región de Andahuaylas quedando desde entonces vínculos inolvidables. Cory Saya, real primogénita del cacique de Taule por cortesía de linajes se educaba bajo el amparo de la comunidad de atacara, decíase de Cory Saya ser la más bella de cuantas hermosuras hubieran habido en Taule, jornada romántica y sugestiva para el iniciado en estas aventuras fuera aquél viaje de búsqueda de la belleza y de la dulcinea tras un largo recorrido emocionante el diletante se aproxima al escenario. la ruta entrecruza colinas y avisora los oriflamas del océano y de la selva, mucho antes de Atacara se advierte que el río Pampas avienta un muslo por las playas de Huacuray. Atacara está prendida en la pendiente, su capilla y su plazuela son los centros neurálgicos de donde brota la emoción vital, a un costado está Concoyllur, y el clán de turno que atiende a Cory Saya, le dicen dina y la tienen en Talavera, tras prolijas búsquedas, la tengo a la vista con uniforme de colegiala, sabe que soy amigo de la comunidad y me muestra su satisfacción, dina es una belleza india, de la más pura sangre kechua, robusta es un retoño lozano, su rostro redondo es cautivante, su torso exhúbero es arrobador, el arco de su frente es de una ñusta imperial y sus labios carnosos son de moras silvestres.. Los dieciséis años de dina son primaverales, todo en ella es superior a la fama, una vitalidad juvenil explosiva irradia de su ser y pareciera más un efluvio de melodías, esbelto el cuerpo egregio, los aires de Taule rimaron la elasticidad de sus flancos, su cara alegre de amapola es como el de un crepúsculo rosa y un halo de rubor de doncella hace de ella una hermosura deseable, sus ojos grises y tranquilos son más como un rocío o como un joyel de ágata, belleza inefable por perfecta excluye el deseo y suscita en el alma una sensación de sublimidad y de infinita evasión. Yo he besado esa frente como quien besa a una vestal y besé sus labios trémulos como quien besa a un ángel, y dina sublimada por la emoción prometio más: no vivir sino para éste su providencial idilio, y aquella ñusta juvenil que nunca había besado presentía la nostalgia de que sus labios añorarán la ambrosía saboreada. |