La marina

"ven conmigo embajador
y no tema tu arrogancia"
"adiós joven que te llevas hoy
el corazón y el alma"

El diálogo anuda destinos en la multitud alborozada que asiste a admirar la "conquista de México" en la representación teatral que se escenifica con lujo en la festividad patronal de conchucos, la marina es la más pura, bella y dulce gacela del lugar, escogida con primor de entre las más hermosas y codiciadas damiselas.

Antaño aquellas querubes salían de entre las celebridades de los Cortés, Encinas, Quiñones o Lara y fueran más doncellas etéreas y vestales espirituales que integraban el coro religioso, exquisitas y decantadas bellezas juveniles posteriores fueron el ramillete de donde salían marinas encantadoras para rendir y subyugar a los émulos de Hernán Cortés,!es un lirio divino o un cisne alado o una melodía azul aquella primaveral criatura!.

En el rostro todo el esplendor de la belleza, en el torso la majestad y la omnipotencia de la vida, y tras los tules el espejismo subyugante de la desnudez y el halo auroral de la turgencia de unos pechos celestiales, es un juego floral y una justa de elegancias, damas alquitaradas y caballeros hidalgos idealizan la festividad popular, y ataviada de tules y armiños la "Marina" con donaire real va en la barca con la prestancia de una princesa palatina, alada la caída del rostro satinado de un carmín inconsutil de ágata rosa, va esparciendo sonrisas y destellos arrobantes.

Boga el barco y recita ella la narración de la conquista y su voz almibarada va encendiendo el entusiasmo del inmenso gentío que le sigue, navega como por sobre un mar de multitudes enfervorizadas y mientras Hernán Cortés reverencia a la "Marina" desde su apuesto corcel los zagales se amotinan ante la barca para disputarse el honor de ser sus pajes.

"pasajeros valerosos
¿qué rumores son aquestos
y decidme a que son venidos
con ese rugido de truenos
a estas tierras mexicanas
a causarle asombro o miedo?".

y la palabra elocuente y mágica ora como un himno victorioso o melíflua y melancólica como un suspiro o un lamento, seductora y galana como el eco de una odalisca...va enajenando a los donceles.. y la "Marina" lirófora del verso, diva excelsa de la declamación modula arpegios inefables, y la palabra dulce y florida se ofrenda como un joyel o como una bandada de canarios o como perlas de un collar; cristalinas como las gotas del rocío, limpias como una patena, pulcras como un recital de ateneo y acicaladas de arabescos y filigranas de oro, marfil y diamante, otras veces esa palabra es caudalosa como un río de abalorios, es sensual y vehemente como el trino erógeno de los mirlos o como el suspiro y la ansiedad de las vírgenes en oración.

Anita Eugenia y lilia emperatriz fueron marinas de las más angelicales, salerosas, bellas y seductoras que realzaban la festividad local, Anita era la melodía y el verso, Lilia era el verso y la melodía del amor, esquiva como colibrí, Lilia el colibrí esquivo de la fantasía, terso de rosa de el cutis de Anita el de Lilia de lises blancos y de amapolas; el cutis de Anita reverberaba al sol, en el de Lilia el sol se embellecía......