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Don Matías
Lara y Espinosa Llapo fuera célebre en el imperio y próspero en la colonia por sus valiosos yacimientos minerales, el cinabrio, el cobre y la blenda se excedían y rebalsaban y el azogue tan preciado para amalgamar el oro se escurría en hebras plateadas por entre las corrientes y cascadas, aquella riqueza hizo de Llapo una población notable, los catalanes monopolizaron el comercio y la actividad social y los andaluces sentaron tiendas por las campiñas agoreras de Cajamala Chacolla y Ancos, mientras que las minas repletaban los morrales el vino de chacolla acicateaba la fantasía y sustentaba el buen humor. La riqueza de Llapo se lucía en sus casonas elegantes, en la decoración de sus templos, en la indumentaria de sus damas y en la reluciente ornamentación y tonosura de sus jesuitas, el venerable padre Eleorobarrutia fuera el más calificado soldado de toda la compañía, con la misma facilidad que sus manos de acero domaban los potros cerriles su verbo suave y fúlgido avasallaba, era el oráculo de la comunidad y el ídolo de las doncellas que conformaban los coros de la iglesia, entre la avenida del sol y el pasaje Lima está la iglesia del santuario, la Scala Celi ensoñada y el edén real que gozaran los privilegiados que conocían aquel botón secreto que abría las puertas a los subterráneos que conducían al monasterio de las monjas, en aquél discreto monasterio eran recluidas algunas jóvenes de calidad por su propia voluntad o por capricho familiar, estas doncellas languidecían entre la nostalgia y la melancolía o en la evocación de algún romance que la fatalidad truncó, para éstas desventuradas criaturas el padre Eleorobarrutia era un cordial pastor: su varonía augusta y lozana, su prestigio y celebridad, les hacía estremecer de felicidad. Doña Angela Carbajal Carhuapoma y su hermana menor Grimaldina que se hubieran educado en lima recibían consideraciones por su beldad y riqueza, y cuando estuvieron en el pináculo de aquella su gloriosa juventud, aquel su noble antecesor don Austroberto fue sentenciado como traidor a la corona de los reyes de España por haber hecho protesta viril del maltrato a los aborígenes, aquella sentencia repudiaba a los Carbajal y condenaba a aquellas sus hermosas hijas a no poder contraer matrimonio. Don Matías Lara de Espinosa, noble delegado de su majestad en su visita de información, encontró en el monasterio a las Carbajal, a sus ojos expertos y a su afición por lo bello no escapó el hallazgo, don Matías hecho mano a las armas de la elocuencia y a las galas del arte; rezagó al padre Eleorobarrutia con aquél su verbo esmaltado lleno de sugestión y hechizo y las Carbajal de un edén pasaron a un empíreo. En su recorrido por el callejón de Huaylas las bellísimas hermanas Carbajal conformaban la comitiva del delegado. Y en aquél escenario florido, Angela que fuera más una maga que una doncella de convento colmó el ensueño romántico de aquél bizarro hidalgo, no en vano era Angela una joya de ámbar, de ónix o de nácar, algo así tallado en perla al que los crepúsculos del paisaje daban un tinte de nostalgia y una hermosura de Mona Lisa, en sus labios la perfección se había saciado y logrado que sus besos transportaran al deleite infinito. Cuando Angela cumplía en sus faenas especiales de la comitiva se quedaba Grimaldina con don Matías, era ella un dije escultural, de mármol o de alabastro; un lustre de porcelana destellaba en el cutis y en el pecho egregio los pezones de sus senos eran de guindas jugosas que los labios de don Matías no alcanzaban agotar, los encantos de Angela fluían y se irradiaban; los de Grimaldina se encontraban y se refundían en su mundo interior, sobre los colores de retama de Angela el sol se derretía y en los tonos azules de Grimaldina la luz cuajaba abalorios, mientras Angela era la inspiración del placer de los sentidos, Grimaldina era el numen del goce espiritual; en los áureos brazos de Angela se podía soñar venturas en los de Grimaldina la ventura era apoteósica y ensoñadora, la una era la maravilla de la pintura la otra era la melodía de la maravilla. En la ciudad de los reyes don Matías encontró la gestionada cédula real que revocaba la sentencia de los Carbajal y casó a doña Angela y a doña Grimaldina con nobles peninsulares que tuvieron la fortuna de disfrutar de la riqueza como de la belleza de tan preciadas mujeres. |