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" La Pagra"
Por los cinco mil metros de altura garbean las más exóticas y
bellas flores peruanas. Sobre un manto de esmeraldas y por entre los bellones
del fino pajonal que la acuna y la mece está la planta de la
"Pagra" de hojas suaves y lanceoladas. Aquellas hojas ledas y
melancólicas son como la pana o el terciopelo o como la felpa de seda de
armiño. El color de aquellas hojas es de las violetas o es del arrebol de un
celaje o del tono argentado de la plata. aquellas hojas blondas y albas
parecieran revestidas de encajes de nubes, suaves son como un soplo de espuma
o de arrebol, tenues, parecieran de lirios.
Una rara y dulce melodía hay en aquél tono lácteo, de la malva, de ámbar o
Nácar, el peciolo largo y juncal como el de un tulipán sostiene la maravilla
de la flor que se abre espléndida dando a relucir aquél su color de oro de
sol auroreal al centro en medio de un disco de tono lunar amarfilado.
Y la corola verde-azulino del cáliz se encarruja en los bordes para dar marco
y relieve a un campo de oro reverberante formado por miles de apretujados
estambres; la flor versicolor y rutilante fuera más de topacios o de haces de
luz dorados; una caída de reflejos caleidoscópicos hace de la flor una
maravilla luminiscente que deslumbra a la mente y traspasa al corazón.
Lo que más seduce y arroba es que la "Pagra" pareciera un infante o
un querube con una carita rubia de serafín y su gorro de felpa. Una leyenda
milenaria y bella que la tradición conserva y evoca narra que del furtivo
beso de un ángel y de una ninfa brotó la "Pagra", de ahí su
semblanza de niño, su caudal de inocencia, su albor inmaculado y la ilusión y
emoción que despierta y cautiva, flor de un sublime amor, fruto inocente de
una caricia, de la melodía de un ósculo o de la ambrosía de un beso, ensueño
romántico que desvaneció el rayo o que perturbaron los maleficios de los
duendes, gracia que se eclipsó al despuntar la aurora o reverberar un
crepúsculo para no quedar sino como una flor de la melancolía o como la
estela de una nostalgia, flor por eso más querida y más ambicionada.
Los galanes más Apuestos lo ponen a los pies de sus doncellas como homenaje
del más puro constante, esforzado y casto amor y también como el símbolo de
la felicidad y fecundidad, tomada la flor queda sellado el compromiso, ya
nadie osará interferir al zagal y la novia no volverá a ser requerida ni por
los más osados ni por los más poderosos, aquella flor es el símbolo de una
constancia romántica y de una fidelidad inmarcesible.
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