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Viajando por los pueblos
del Perú Cajamala, Ancos, Llapo,
Tauca Paisajes sicológicos
Ante el contacto con el
universo el alma se transfigura, vibra en ondas luminosas y se diluye en el
ritmo melodioso del paisaje. Esta fusion y conjunción de aproximaciones
elabora una aptitud y disposición espiritual singular. En la contemplación
del paisaje no es tanto la vista sino el sentimiento que aprecia y avalora.
Luego se desarrolla un mundo interior donde no solo se reproducen los
paisajes de la naturaleza sino que se transforman y evolucionan profundamente
y se ornamentan de florestas emotivas, se orfrebrizan en el oro y la pedreria
de nuestra fantasia, se teje con la seda sutíl de los ensueños y se tachonan,
engarsan y guarnecen con jajos de luz, remansos de lagos y arabescos de
jardineria espiritual.
Lo que le da sentido, unidad y emoción al paisaje es el hombre con su
facultad de relación y asociación. Y entonces sera más bello para aquellos
espiritus refinados que han acumulado tesoros espirituales y que estan en
condiciones de revestir con magnificencia e interpretar con mayor acierto y
provecho los recursos de la naturaleza. De aqui, que en cierto modo, la
verdadera belleza del paisaje radique en la vision subjetiva que suscita. Es
en estos dominios cuando la evocación y la fantasia reconstruyen y edifican
paisajes y palacios magnificos y suntuosos, quintaescenciados y refinados
haste el desborde y la embriaguez. La imaginación concibe estampas
manificientes, destaca aldeas edénicas asentadas como en pétalos de rosa o
campos de esmeralda, rios en que la plata riela en los remansos y la pedreria
de brillantes se desgrana en las cascadas, lagos tersos y ambarinos sobre
cuyos cristales el sol hace acrobacias luminosas y la luna juega a la ronda. Estas marabillosas visiones interiors evolucionan encreciendo; la
imaginación recorre mansiones de crystal, palacios de oro habitados por
hadas, parques primorosos en cuyos estanques de perla liquida navegan los
cisnes del ensueño. Las metáforas cramáticas y musicals invaden las esferas del arte con
un ferbor exacerbante. Y aquél aparente desvario y vértigo tienen su lógica
como lo tuvieron el gongorismo de España de la época de las guerras de
conquista de Carlos V, el rococó en el resplandor de la victorias
napoleonicas, las letras cabalisticas y la Thora sagrada en las aldeas de los
primitivos israelitas o el nirvana en el azar de la teogonia India del tiempo
de Buda.
Viniendo de Chimbote y siguiendo la ruta del paisaje el viajero atravieza
estampas de trigales e ingresa a Cajamala. La población de clima templado
está como en siesta y la vecindad de la costa ha dejado su nota de éxodo y
melancolia. Pero el paisaje es magnifico. Las extensas zonas de alfalfares le
dan su nota y animación plástica. En las campiñas de Chacolla,Collocollo,
Puripuc, El Castillo, Casa Blanca, Cahuac y Matala hay huertos de frutales y
montes ubérrimos con tintes al óleo. Por sobre la ciudad están las alquerias
de Miraflores con su sabor de acuarela. El clima suave y los cultivos de la vid y de la caña de azúcar
dan a Cajamala un dulzor de balneario y regalo. En Ancos el paisaje es plácido. La población se recuesta en la
arboleda de los huertos y hay un frescor de esperanza y una emanación de
aromas que el viajero aspira con codicia. En Cocabal y la Galgada los explendidos campamentos mineros dán
su tipica algarabia. El carbón ha puesto su esfumino en las fisonomias y en
las cosas. Las minas vuelcan sus entrañas y los hombres ceban su ambición.
Los campamentos en el dia están en espera, mientras el trabajo de las
máquinas ensordece. Por las noches en los casinos y rancherias arde la
pasion. La música de radio vierte su musica estereotipada y las guitarras se
exacerban en su ardor., encienden el fuego de las pasiones y hace corer a
raudales el alcohol. Al amanecer los hombres vuelven al socabón exahustos y
cansados. Una lánguida esperanza de retorno al jolgorio alienta la jornada.
Las mujeres descansan y se reponen para renovar sus desfallecientes halagos
al varón. Las bocaminas campéan en los ceros de Ancos y la Galgada. Son una
vorágine: tientan al hombre y lo atrapan en sus fauces. De vez en cuando lo
sueltan como un estropajo y esta vez es sólo para aventarlo como un despojo. Por sobre Cajamala hay escarpados y ceros negros de patina
milenaria. El sinabrio y el antimonio prestan la decoración de sus óxidos y
acicatean la curiosidad de los mineros. Escarpados y cresterias de pizarra se
recogen y forman un nudo en la cumbre. En esta cima se asienta la población
de Llapo," nido de águilas", y sus c asas con sus tejados áureos
son como una corona de la cúspide. Las calles en declive tienen una
precipitación acrobática y una movilidad vehemente. No obstante prima el
equilibrio y el desnivel es un matiz que dá su colorido típico a esta
población. Las campiñas de Matunan, Buena Vista, Huamán , Curhuay y
Chuquique ofrecen a Llapo una tenue coloración esmeralda. La quebrada de
Urunduy tiene remembranzas de rio y ofrece su illusion de agua. Entretanto
las lagunas de Uycos y el manantial de Pogta prestan su escasa corriente y
hace brotar en las parcelas de cultivo una vegetación parva. V ellones de pajonales se extienden como un manto para cubrir el
frio de Llapo; sábamnas de ichus con sus flecos cortos rodean al pueblo y lo
envuelven. Por encima Shihaunca y la puna de Uyco muestran su ceño adusto y
su laguna helada. La ubicación y altura de Llapo le hacen el visor del panorama más
extenso que la vision humana puede alcanzar. Tiene al frente los contrafuertes
de Huaylas, el Océano Pacifico y la provincia de Santiago de Chuco. Por las
noches las luces de los barcos en el mar prestan su luminaria al ensueño y a
la fantasia y de dia los horizontes lejanos sugestionan con su vértigo y atráen con el hechizo de
nostalgia que infunde a melodia de lo infinito. Una Iglesia de tipo colonial muestra la pasada grandeza de Llapo.
Y los subterráneos del Convento
de los Jesuitas, dán a cavilar en dantescas escenas inquisitoriales o en
aventuras románticas que los naturals narran con emoción y orgullo. En Urunday, las momias paradas en hornacinas talladas en la roca.
Por el camino del Inca hay clabas de granito y en el Ushno la tradición dice
que se veneraba a un cóndor de oro. El Santuario "Scala Celi", al
costado de la Iglesia Matriz tiene un subterráneo y la capilla de Copacabana
en la plazuela Miramar, tiene subterraneos y en el paisaje de Cangolla están los templos preincas
del Sol y de la Luna, de la cultura Haylas. Uan franja
de senda se abre paso por entre la pizarra, atraviwza Chuquique y conduce a
tauca (Kakia) por esta entrada el hombre se resbala por la pendiente de las
calles al centro de la población. Apiñada y repleta estan las casas. Un
inusitado moviemiento anuncia la actividad del agro por las mañanas.
Huachuspiña, Conculay Quisuarball, Parga, Asumachay y Huamapara son las
campiñas de Tauca que ofrendan su sonrisa cascabelera y desairosa. Más abajo
un clima tibio ofrece sus galas de balneario y estampas como las de
Llactabamba, Tiñayoc, Hualalay, Quichua y Matibamba dán a tauca con su
vegetación barroca y sus praderas floridas, un gusto renacentista. El
alfalfar absorve las praderas y sus flores de azul-violeta se extienden como
brochazos sobre un campo de arcilla amarilla. P0e el cerro de Angollca las
minas de plata ceban la ambición y la fantasia. Hualalay es al
presente lo que otrora fuera Llactabamba: un templo y un parnaso del amor. El
idilio tiene la efusion del campo y el perfume de las flores. Por Parga los
recodos anidan recuerdos y ponen hitos a la aventura.
La riqueza de las campiñas y el sabor artistico del pueblo está
representado en su templo. El arte colonial agotó los recursos barrocos y
erigió altares soberbios cargados de ornamentos inverosimiles, de volutas que
se esfuman como escencias, de adornos quintaesenciados, de columnas esbeltas
tránsidas de una ebriedd mística y otras cargadas de racimos de uva, grávidas
y apasionadas. Los artistas vaciaron su fantasia y captaron la emoción del
pueblo para plasmarlo en su templo. De aqui los ábacos llanos y severos del
arte dórico o los remilgados y estilizados del corintio y gótico, capiteles,
bazas y cenefas de ornamentación bizantina donde la imaginación se pierde,
estrias de pilastras pulidas con pan de oro y tallados con lujo, frisos de
alto y bajo relieve con motives arabescos engastados entre arquitrales
griegos y cornizas árabes, jambas, molduras y cenefas de oro que irradian
vivos fullgores. Rajas toledanas de tipo renacimiento y ventanales con barrotes
de madera tallada o esculpida; arcones esmaltados, relicarios de concha y
carey; cálices, custodias y candelabros elegantes con incrustaciones de
piedras preciosas tallados en el oro y la plata de la region; palios y
casullas de seda y oro donde el arte se ha esmerado y agorado sus recursos y
en los que enhebró la mujer tauquina su passion angelical y su fé cristiana. El púlpito de madera
donde no hay una pulgada libre de talla o de motivo decorativo es el orgullo
del pueblo y reliquia nacional. El artista se ha esmerado y su fantasia se ha
exedido en el portento de la obra; la imaginación apenas puede seguir la
prodigalidad decorativa. El oro burilado en el púlpito aumenta el fausto de
la obra y exita la ambición de los extraños. En Tauca la
manzana es una planta silvestre. Los montes se repliegan en los ceros o se
cuajan en las acequias o junto a los cercos de los corrales, abunda en los
huertos y hasta invade el patio de las alquerias. Una fragancia de fruta
aroma el ambiente. Y las gacelas de la campiña dulces y sonrosadas como unas
manzanas llevan a los mercados vecinos su mercaderia y el garbo de su belleza
lozana y turbadora. Este caso singular de hermosura tenia que generar bardos
y romances y por fuerza una
música y una poésia romántica. El campo poblado de cadencias incitó a la
aventura y las pasiones tenian que incursionar por el verso y la melodia. Y
la mujer como un ángel o una vestal fué endiosada y venerada la campiña como
un templo le ofreció el escenario de las sombras de sus montes o el furtivo
recodo de sus caminos para dar a florecer una promesa o un beso. |