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Denise Los senos
de Denise son la flor de la
excelsa belleza de su cuerpo, de aquella
gracia de movimiento y forma, de luz
color y melodía. Un prodigio
escultural: en ónix,
perla o marfil con
fosforescencias amatistas y tercidad
de lirios. Una
maravilla de cristal suave el
cuello y el torso diáfano, dorada las
redondeces de los hombros y
acompasados y rítmicos los miembros. Esbelta y
elegante, su refinamiento es arrobante. En la
cintura hay líneas polifónicas que embelesa, y en las
curvas cadencias de magnolias que
embriagan y transportan. Es el
paroxismo de una oda o un madrigal o la visión
cautivante de un ensueño. Un elixir o
una fulguración celestial que a
diario troquelo con mis besos. Una quimera
musical o una
canción corpórea; un perfume
de esencias abstractas o el celaje
de una filigrana. Aquella
tornasolada desnudez es el
campus de un allegro de ámbar bajo la
pompa orquestal de una partitura de Wagner, es Denise
en la lluvia de oro de Ticiano. Aquella
donosura de jazmines y violetas, ora tiene
la frescura de las flores o del rocío, ora los
tonos vehementes de las brazas cuando la
encandila el fuego del amor. Un bouquet
de azahares, un junco o
un haz de estambres hecho para
la admiración y la
delicia angelical. Cuerpo
sutil hechizante y hostil para la
adoración; cuerpo de
hada para el deslumbramiento y el
deliquio espiritual. A diario
mis ojos licuan su hermosura, mis manos
palpan su emoción y tengo su
imagen en la mente y su dulzura
en el corazón. Es el
cuerpo más bello entre los bellos que más
adoré y a diario adoro. El tiempo
no pasa por él como no pasa por las obras de arte: un nimbo de
divinidad persevera su lozanía. Aquél
cuerpo angelical de no ser real parecería
la región maravillosa de la fantasía, de no
asirla entre mis brazos seria solo
la estrella de una visión seráfica. Una ánfora
de diamante o la
sinfonía de una imagen, algo así
como un mirage de alborada o la
plegaria de una alondra. Si
cromatismo es un embrujo de ámbar, su
escultura un transporte melódico o un poema
plástico para el
arrobo o la ensoñación. Denise es
la contemplación de la belleza donde
comienza la apoteosis de lo sublime, la plegaria
lírica de las almas en el místico
ascetismo de un idilio. |