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Mater
Divine Gratia Et Bone Consilli La madre no
muere: porque no muere lo que es inmortal
y divino. Por eso tu
estás en un cofre como un
joyel, como un verso o una melodía, estás en la
abstracción de las ideas y en toda
la distancia del cero al infinito. Estás
también madre querida en el piar
de las aves, en el
perfume de las flores, en el ritmo
de mis canciones y en el
pulso febricitante de éste
hijo que te implora. Tu no estás
muerta, tu revives y te alzas cada vez
que el dolor toca a tu hijo; surges allí
donde su fe vacila, resucitas a
diario en su ardua brega para
enjugar el sudor de su frente y para
colmar sus cestas vacías. Tu no has
muerto madre querida, porque las
madres no mueren jamás. Qué seria
el amor sin tu castidad? Qué sería
la melodía sin tu voz? Qué sería
la belleza sin tu rubor? Y qué de la
vida sin el calor de tu regazo? La sonrisa
sin tu piedad seria una mueca, el beso sin
tu fervor una parodia, el llanto
sin tu congoja sería una ironía. Nada tendría
sentido ni significación si no fuera
por tu bondad o por tu heroísmo
de mártir o diosa. Tu
aristocrática belleza no muere, se agiganta
en la leyenda y en el mito; sobrevive
en el ensueño y en la quimera, flota como
el perfume de una fragancia. El lujo de
su pedrería brillante ennoblece a
la misma melancolía. Y éste mi
dolor es una cruz o un calvario? O es mi
lura y mi razón de ser? Esta mi
plegaria es una invocación absurda, o es la
canción de la esperanza? Estas
heridas son una llaga que consume o son las
ascuas rojas en que se templa el acero? Nada hay
más pura y excelsa que tú ! Las rosa y
los lirios se angostan, el cielo se
empaña y la luz se mancha, pero tu
castidad inmaculada es como la
plata o el oro: cuanto más
se frota más brilla. La belleza
de la madre no se marchita. Aquél
hechizo sonrosado de sus mejillas o se
diadema de oro purpúreo cuando ríe, o se
tornasola de marfil o ámbar cuando llora. |