Alexandra

 

Su cuerpo es una lira, una guitarra o un orfeón musical,

una combinación de líneas en ese o en llaves de sol,

templada con maestría para todos los tonos.

Su cuerpo es un acorde místico o una canción primaveral.

 

En su cintura una línea iridiscente y sensual,

ciñe cada vez más hondo y fuerte,

haciendo resaltar la gracia del busto

y dando a relucir la plasticidad de las curvas.

 

Sus espaldas son dos palomas esculturales

talladas por el sol y buriladas por la luna,

la piel fresca y lustrosa: mitad de ángel, mitad de fiera,

por el medio un surco hechizante ofrece su vértigo abrasador.

 

Liliales y húmedas sus espaldas son un sentido más,

ellas captan lo que queda tras el paso

y recogen el mensaje de la oración y del deseo

que provoca su implacable apostura.

 

Vivir sumergido en aquella belleza,

dejarse arrollar por aquella visión

es como quien sintiera la caricia de un perfume

o palpara la fragancia de una flor.

 

Aquellas piernas son una poesía:

tienen la maravillosa armonía del soneto

la gracia y dulzura de un madrigal

y la alucinante fantasía de una sonata.