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Alexandra Su cuerpo
es una lira, una guitarra o un orfeón musical, una
combinación de líneas en ese o en llaves de sol, templada
con maestría para todos los tonos. Su cuerpo
es un acorde místico o una canción primaveral. En su
cintura una línea iridiscente y sensual, ciñe cada
vez más hondo y fuerte, haciendo
resaltar la gracia del busto y dando a
relucir la plasticidad de las curvas. Sus
espaldas son dos palomas esculturales talladas
por el sol y buriladas por la luna, la piel
fresca y lustrosa: mitad de ángel, mitad de fiera, por el
medio un surco hechizante ofrece su vértigo abrasador. Liliales y
húmedas sus espaldas son un sentido más, ellas
captan lo que queda tras el paso y recogen
el mensaje de la oración y del deseo que provoca
su implacable apostura. Vivir
sumergido en aquella belleza, dejarse
arrollar por aquella visión es como
quien sintiera la caricia de un perfume o palpara
la fragancia de una flor. Aquellas
piernas son una poesía: tienen la maravillosa
armonía del soneto la gracia y
dulzura de un madrigal y la alucinante fantasía de una sonata. |