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Filtro
Amargo Apago mi
canto, apágalo Señor. Soy la
alondra que llora y no canta. Tálame
Señor, conviérteme en cenizas soy el
abrojo que estorba y no florece No escuches
Señor, no escuches, no. Mis risas
son el eco destemplado de dos campanas y mis
labios dos heridas que destilan amarguras,
pesares y congojas. Sálvame
Señor, me asfixia el polen de las flores y el aroma
enervador de los frutales. Sálvame
Señor. Me ahogan los azahares y el olor
de vainilla que emane mi piel. No me
abreves Señor, estoy envenenado: mi cuerpo
es un artístico cáliz de brebaje almibarado. Sédame
Señor, es amargo el filtro y turbia e
infectada está la fuente. No me
aspires Señor, no me aspires el perfume
de mi cuerpo está quebrado mustias
estónis flores y mis
ánforas resecas. No me
toques Señor, no me toques, tengo el
cuerpo llagada y el alma emponzoñada. Soy la
carroña de que los hombres huyen y el
mendrugo que desdeñan hasta las fieras. No bendigas
mi boca, mis labios son estériles, su castidad
cuando no es ácida es inodora; Apolíneos:
son una abstracción o una
utopía inverosímil, cloróticos:
son la exótica teoría de lo absurdo Nada en mi
está sano Señor. La belleza
de mi rostro es un engaño: bajo la apariencia
del carmín y del nácar está la
mueca de la muerte y la comida del gusano. Aparta tus
ojos Señor, aparta. Mis senos
ni son albos ni son puros. Erectos e
impávidos me ceban, mórbidos y
delirantes me mancillan. Apagame
Señor, Mi cuerpo es un alabastro encandilado, mis venas cuadrigas
de serpientes desbocadas, mi rubor es
el áurea llamarada de la vacante que despierta la voracidad de los chacales. |