Mano a Mano

 

 

Por sobre mi menguada existencia

pasaron en tropel encabritado

los potros del Apocalipsis.

Ciegos enfurecidos y delirantes,

piafando tormentas

y sacando chispas de mis entrañas

con sus herrados calcañares

no dejaron ni los escombros

de las ruinas de mi vida.

 

Por muchos años el crujir de aquellos cascos

y el galopar de los caballos

atronaron sobre mi.

Y el eco del relincho de los brutos

repercutía en mi alma

como una tempestad.

 

Pasado el terror

y enmohecidas las cadenas

he volteado la moneda de cruz a cara.

El destino que me vejó

y el vértigo que me arrojó

no tienen de que quejarse

Mano a mano hemos quedado.

 

Ahora que no tengo dueña

y que no me arredran los fantasmas,

ahora puedo decir que amo

que amo la libertad y la vida

y amo a la mujer que me excelsa

y que me inspira la ilusión

de amor y fantasear.

 

Yo amo con tal pasión

y ella me adora de tal manera

que me da la impresión

que siempre me hubiera amado.

Y que yo hubiera nacido para ella.

Y este amor , redentor por ironía o por sarcasmo

de las cenizas del pasado

saca a relucir diamantes

para recamar el manto

de este mi único amor.