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El CAMINO
Señor: hoy he visto en el firmamento el resplandor de un lucero. Es la estrella que me ha de señalar el camino?. El trino de las alondras ya anuncia la aurora. Es la señal de la partida que me enviás?
Listo está mi equipaje. Listo el del Sultán. Todos los días lo reviso y aligero y una dulce sensación de viaje a diario se renueva en mi fantasía.
Señor: mi equipaje no está aún liviano? he arrojado de él hasta el peso del recuerdo y estoy arrojando la memoria de las cosas y las alas de la evocación y del ensueño.
Yo no debo llevar ni la carga de mi anhelo, ni el peso de la ilusión o de la esperanza, menos puedo llevar la cauda de la paz o el halo de los confines de la nada.
Cómo me alegra el camino de mi aldea pintado por la arcilla o por la pátina de las rocas, magnificado por el canto de los gallos o por las flores de la pradera.
El camino sube en "L" y voltea en "U" zigzaguea en "Z" y serpentea en "g" cruza el río en "h" y bordea el abismo en "i" El camino tiene todas las letras de la sabiduría.
Los altos y los bajos del camino son como los altos y bajos del pensamiento: las curvas y los codos relucientes como las desnudas rodillas de los hombres.
El camino es una visión y una fascinación de lomas turgentes de puentes melancólicos, de quebradas umbrías de picachos deslumbrantes, de encuentros furtivos y de posadas ensoñadoras.
El camino es más una cuestión filosófica que geográfica: es el punto de partida de la ausencia o del olvido; el comienzo de la evocación y del recuerdo y también la ruta del pensamiento al infinito.
Ya no estar aquí o allí: estar de viaje No quedarse jamás o saber que no se va a volver; irse así por irse o sólo por regresar, son cuestiones metafísicas del ser.
Dónde comienza o termina dónde el camino? Camino para adelante: ese es mi norte? es que en verdad me voy o es que me llevan O es que sólo estoy perdido en un dédalo sin fin?
No acabar de irse y querer ya regresar. No acabar de llegar y querer ya viajar; Estar siempre yéndose o acabando siempre de llegar es la mística y el arrobo del caminante.
Saber que el camino allí se acaba o que no tiene fin, que al término hay alguien que le espera o que no hay nadie; es igual: no le quita ni la fascinación ni el encanto al contrario encuentra el hechizo de la aventura.
Pasar los linderos ajenos, dejar atrás los pueblos y los hombres, cambiar de escenario y de paisaje es acaso estar en transición y brote?
Divisar horizontes por delante y por detrás. Círculos concéntricos o excéntricos en vorágine, diedros, conos, curvas y vértices, senos y cosenos es más o menos lo que percibe el viajero...?
Por este camino o por el otro cabalga en jornadas vehementes y anhelantes la pena o la alegría, la fe o la angustia, las risa, el llanto o la fatiga del viajero.
En las noches lóbregas el camino se hace mágico las luces de los carruajes prenden su luminaria, centellan las pupilas de los jaguares y las sombras oscuras se salpican de luz.
Porque no convergen los caminos? porqué siempre se separan? Caminamos para unirnos o caminamos para aislarnos?
Hay caminos que bordean quebradas y precipicios y en la profundidad hay abismos que hipnotizan, hay otros que orillan por los lagos y los ríos y en el fondo van ya engarzadas nuestras almas.
Una extraña embriaguez de profundidad y abismo sobreviene como un vértigo abrasador. Es la fascinación del entrañamiento es el garfio invisible que atrapa al viajero?
En las cumbres la nieve esmalta la ruta y la senda se cubre de un espejismo abrasador. Es el camino para el tránsito de los ángeles o es la vía láctea de las almas en su viaje al infinito?
Recorrer el camino por solo recorrer, viajar por recibir el adiós de las despedidas, o el abrazo de las llegadas o acaso por quedarse sólo en las posadas? |