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L O S C O N C H U C O S
De un avatar de siglos surge la mitologia de los Conchucos, el génesis de los Waris. Wiracocha es el señor del universo sua manos atraparon al cóndor y sus pies al chavin y al otorongo. Los andes y la selva le prestaron su colosal escenario para holgar su fortaleza. Casó la serpiente y al cozco para asentar su soberania y erigió Pumpac y Yaino para dominar la selva y la cordillera. En Huantar erigió el templo de Chavin para culto del poder y en Yungas el de Cuyanacuy para venerar al amor.
En la constelación de los astros y en la fecundación de la tierra por los conchucos hallaron el ritmo del universo. Cautos en la observación y prudentes en la acción llegaron a Amautas; a la sabiduria y al gobierno. De alli surgió el ayllu: la concepción más cabal del socialismo la fuerza telúrica que a diario se renueva. Como acción y ritmo y como fiel ordenador de una tribu o eje de un imperio. Ayllu en el que el indio siente a la comunidad como alma y ve al mundo a travez de una conciencia de solidaridad.
Ayllu en el que la minca es un principio de fraternidad y la piedra la metafisica de una raza que pulió su mensaje en cuarzo.
Ayllu en el que las palabras de un verbo mitico construyen un mundo y erradican la miseria; Ama Quella, admonisión y proclama que resonó en el huaji y en el Jáparic.
En Pashas y Llactabamba la escultura en piedra se exacerbó en refinamiento para ofrecer áureos bustos de ñustas y regalar a la fantasía caderas eburneas.
Tallas en clavo en estiolizaciones zoomórficas para adoración de palacios; representaciones del sol y de la luna; maquetas de castillos y templos; signos litúrgicos de una cosmogonia y de un mensaje.
Estelas marabillosas en las que la alegoría y el simbolismo embriagan y culminan en melodias. Figuras aladas y lineas precisas y simétricas; signos plásticos y representaciones alucinantes con fulgores áureos y ritmos de verso.
Qué siglos o milenios de experiencia en el beso o en el amor, en el arte o en el vivir fueron bastantes para dominar la piedra y desbordar la barbarie?
La amazonia le dió su tono de misterio de génesis y de greda en formación, de mundo todavia en limo y de rios inestables y bravios con su c arga nómada y herrante de pueblos y hombres con sus colores de arcillas y sus presentes de orquideas, de aves multicolores, de mariposas singulares y de anfibios fantásticos. Toda la fuerza del aluvión, el tronar de las tempestades, la l;infa de las corrientes, la clorofila de los bosques y el humos cálido de la selva dió a los conchucos su dosis de genio para reconstruir a diario lo que la inclemencia de naturaleza destruye, para esquivar en todo instante la amenaza de la muerte y para concebir una teogonía de gigantes y de dioses.
En el ebrio vaho de la exhuberancia se transporta al ensueño y la fantasia se colmó de temor. La inmensidad y el misterio acicatearon con su curiosidad de leyenda y fábula, con su ilusión de hechiceria y mágia, con su tinte de superstición y mito y su fantasia en marcha hacia la conquista del Ambaya y del Dorado, de la tierra de la canela y del imperio Paytiti o del paraiso donde Eva tentó a Adán con la granadilla, como asegura León de Pinelo. Amazonia sortílega y hechicera donde las aves y los peces multicolores fascinan con su belleza o donde la canela el bálsamo o la vainilla aroman la ilusión y la coca surca todas las fronteras de la fantasia. Amazonia indómita donde los Cashivos antropófagos y los Huambisas reductores de cabezas humanas espantan y horrorizan.
Amazonia épica y novelezca donde la caoba o el palo de sangre, el oro la shiringa o el río inspiran las más osadas audacias y las gestas más heroicas de los Conchucanos Huiamancondor y Atuspiña que cruzaron el Marañón, cogieron en los afluentes del Pachitéa al Dios del Maiz y a toda la tribu cultivadora del paccho para establecerlo en Otrorongo en el tibio valle de Erwayoc.
Más tarde la enigmática amazonía Tentó al temerario ejército de Túpac Amaru, la ambición de Orellana y de Alvarado La fantasia de Jimenes de la Espada y Markham, la curiosidad de Humboltd y Raimondi, el arrojo de Fiscarrald y Ursúa y la piedad franciscana de los padres de Ocopa.
El augusto éco y el caudal soberbio de los rios subyugó la pasión de los marinos Stiglish y Olivera, y la selva verde como un mar de esmeraldas inspiró la imaginación de Grower, Coenejo y Alvariño |