M  I  N  C  A

 

Una gavilla de mozos

deshierban el maiz de Higicha.

Los brazos acerados

hacen marabillas con la recua

y una música de herramientas

estallan en la tierra.

Hay una canción en la melodia del trabajo.

 

Por delante avanza un puntero;

los otros curvados jadéan para ganar

el final del surco.

De súbito un profundo huajido

emite el pecho de alguno que se impacienta

y quiere ser campeón.

El éco viril de la voz

hiende el espacio.

Surca como un flemigero rayo

y retumba como un trueno.

 

Higicha se apresura al encuentro

del mozo que ha descollado

para ofrendarle la sabrosa chicha.

 

Un paréntesis de coca

con c hascarros y comentarios.

Luego se renueva la faena,

los huajis se suceden.

los mozos han deshierbado cuatro chacras

y pasan en la tarde a otras más.

 

A las séis en alguna juanacha,

apuran la última gota de chicha,

mientras las comadres

de las dueñas de las parcelas

llevan por las calles

los platos de comida

a la casa de los mincas.