|
M I N C A
Una gavilla de mozos deshierban el maiz de Higicha. Los brazos acerados hacen marabillas con la recua y una música de herramientas estallan en la tierra. Hay una canción en la melodia del trabajo.
Por delante avanza un puntero; los otros curvados jadéan para ganar el final del surco. De súbito un profundo huajido emite el pecho de alguno que se impacienta y quiere ser campeón. El éco viril de la voz hiende el espacio. Surca como un flemigero rayo y retumba como un trueno.
Higicha se apresura al encuentro del mozo que ha descollado para ofrendarle la sabrosa chicha.
Un paréntesis de coca con c hascarros y comentarios. Luego se renueva la faena, los huajis se suceden. los mozos han deshierbado cuatro chacras y pasan en la tarde a otras más.
A las séis en alguna juanacha, apuran la última gota de chicha, mientras las comadres de las dueñas de las parcelas llevan por las calles los platos de comida a la casa de los mincas. |