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Cien años de amor Homeneje al Dr. Eleodoro Olivera C.
Nada más estéril que la palabra e
infecundo que la promesa verbal cuando se trata de él. Es un axioma
sentimental nutrido de emociones puras y crudas y animado de un afecto
expresivo y de un afán de placer y satisfacción exigentes y total. Tiene su
base en el alma, pero es el los sentidos donde aquella belleza interior
florece, resplandece y crea el placer y No se como expresar todo lo que el
recuerdo sugiere y provoca la memoria de mi padre Doctor Eleodoro Olivera
Cortés. Mi léxico y dicción de suyo parvos se entumecen y ofuscan. Los
bocetos cuando no se esfuman resultan estrechos y los tintes cuando no manchas empalidecen,
se desmayan los tonos y los vocablos disuenan. El ritmo y el acento fugan
despavoridos; las frases chirrían como vigas de un edificio que se derrumba.
Dónde encontrar el estilo florido y conciso?, la oración silente , el verbo
fúlgido, el giro incisivo, la locución mórbida o la expresión sutil e
incorpórea?. Mieles y pensamientos divinos deberían ser recogidos en copas
griegas y nectarios árabes, cincelados por genios hechizados y en topacios de
Pero tamaña empresa cuando no amilana coibe por su magnitud. Y las escasas fuerzas que sobran están
hebetadas o anonadadas, postergadas en la contemplación, cegadas por el
deslumbramiento que irradian. Y un ánimo rendido por la pasión no tiene poder
para reaccionar y mucho menos para exigir que mis mal cultivadas facultades y
menguados dotes den frutos óptimos y magistrales para hablar de mi padre don
Eleodoro Olivera Cortés. Habré púes de resignarme a lo parco y limitado de
mis alcances, procurando solo a falta de ornamento y lujo, vestir mis ideas y
sentimientos, con ropajes limpios y sencillos enjugados en vertientes
campesinas y secado sobre rosales y amapolas silvestres. De otro lado el
ropaje del amor como el de la verdad es la naturalidad y sencillez. Cuanto
más se aleje el rebuscamiento mayor aflorará el candor y la gracia se den
plácidos como el rubor de vírgenes aldeanas que ignoran el lustre que les
hace adorables. Apartemos toda afectación o vana elegancia
que muchas veces no sirve sino para anublar el brillo de las ideas y el
esplendor de la belleza, no se diga que el ropaje rico y aderezo de valiosa
pedrería oculta la oquedad del alma y la mezquindad del corazón. Las galas
literarias muy convincentes en las Justas oratorias o torneos académicos si
bien comprometen al amor, antes bien y, muchas veces el lenguaje florido
distrae la mente y deja en ayuno el corazón. Han querido mis honorables amigos y
familiares que sea yo el que ofrezca este homenaje y diga el aprecio en que
cada uno de nosotros hay guardado para honrar la memoria del ilustre
benemérito Doctor Olivera Cortés. Estamos congregados en este acto, en esta
casa, en este templo y en el hogar de la buena amistad, rememorando al
maestro, al jurista, al amigo con el calor de nuestros afectos y el fulgor de
nuestra admiración. Este ambiente de
cordialidad y aquel magistrado de la sinceridad me excusa de toda diplomacia
y protocolo y solo oficia en estos momentos el rito llano de una ceremonia
familiar y la formula sencilla de la expresión fraternal. De alguna manera más sobresaliente
habríamos podido celebrar este homenaje si se tratara solamente de tributar
un aplauso a los méritos excepcionales del Dr. Olivera Cortés. Pero nunca
habríamos logrado de otra manera que en la de ésta ocasion
de expresar nuestro afecto al profesional, padre ejemplar, esposo, amigo
dilecto y abanderado de la justicia y al hombre de fino tacto social. Por
eso, en esta efeméride atentos a las más viejas liturgias cristianas cantemos
nuestros salmos y partamos nuestro pan porque ansiamos que Eleodoro Olivera Cortés participe en el más
allá, no solamente de nuestro orgullo sino también del aroma de nuestro
recuerdo. Esta fiesta es la
ovación a un hombre y a una idea. A un hombre que en medio de la complejidad
de la justicia social y cultural supo vivir con la belleza y sencillez de los
hombres sabios y prudentes. Sin duda en las páginas de José Ingenieros
y Ernesto Hello, de Federico Nieztche
y la Rochefocaul ha visto Eleodoro Olivera la
semblanza de su personalidad y sin saberlo, ignorándolo quizá, gustó la
sencillez y la gravedad moral, el don pulcro y la noble solicitud de los
personajes que pasan su augusta y humilde hombría en el mundo. En Gentil, sin afectación; sereno en la
dificultad; más profundo que brillante; mas
firmeza en la idea que colorido en la forma; más sustancia que sonoridad en el pensamiento;
con más entusiasmo que cálculo Olivera Cortés excavaba los surcos de la idea,
levantaba la cerviz , tendido el brazo desnudo y firme tras las huellas del
progreso y el esfuerzo de la justicia. Este homenaje es también la ovación a una
idea: el culto a un magistrado probo. Enciende él en la mente antorchas refulgentes,
ensancha en el corazón afectos inefables. Sus palabras eran el ave halada que
hiende espacios y descorre velos al infinito. Tiene la frente de Minerva, la
cabellera de Apollo y el brazo de Protéo. Penetra en el enigma, da paletadas policromas en
el paisaje y esculpe querubines. Cuando la vida de un hombre ha logrado
moldear sus principios y forjar sus ideales, cuando ha alcanzado concebir sus
fines propios y embellecerlos con una ética individual substrayéndolo de la
promiscuidad y tiene un eje de referencia y una órbita vital, ese hombre
tiene personalidad y se evidencia su dignidad cuando actúa en la vida como
actuó Eleodoro Olivera Cortés, con arreglo a sus normas, consecuente con su
credo religioso, con su ética social y con su orientación filosófica
jurídica. Obra de amor es el apostolado del
jurista y maestro Dr. Olivera Cortés. Obra de creación que le identifica a
Dios y lo eleva por encima de los padres. Amor y creación cuyas fuerzas
secretas tienen la virtud esencial de transformar al amante en la persona que
ama, al creador en el ser que crea, de identificar los ideales y los ensueños
con el objeto de la pasión y de plasmar la belleza concebida con la
encarnación del ser idolatrado y con el resplandor de la ilusión perseguida. El
amor convierte la conciencia vulgar en una personalidad creadora y esta
conversión es tanto más eficaz cuanto es más pertinaz la idea y más sentida Pero quién es amante apóstol? Desde muy
antiguo los términos abundan y lo enuncian. Los griegos a toda obra o
concepción grandiosa llamaron magistral y a sus artífices maestros.
Aparecieron las ideas directrices y surgió el precepto básico, emergiendo
entonces el preceptor. Las ideas y los credos erigieron escuelas y los
hombres profesaron una doctrina y apareció el profesor. Las doctrinas se
ilustraron y se sustentaron en los foros o en las cátedras y advino el
catedrático. Los Helenos armoniosos y divinos,
maestros de la cultura, junto a la noble elegancia del pensamiento nos
enseñaron el ritmo bello de la forma y forjaron hombres como dioses. Sócrates
y Pericles sintetizaron su época. Los romanos
supremamente distinguidos concibieron un tipo de hombre cuyo símbolo más fiel
está en la Loba del Capitolio y las testas de Cicerón y Julio César. Los
europeos occidentales in surgieron reaccionarios y liberales e hicieron
aflorar los temas pedagógicos y jurídicos dando a relucir a Concorcet y ofreciendo un Nuevo tipo de revalidación
entre Kant y Napoleón sus más conspicuos
exponentes. América se quedó a la deriva, aparecieron reformadores como
Sarmiento y hombres libérrimos como Bolívar y san Martín. Pero en Europa como en América el tipo de
hombre se amputó y mistificó dando paso a la tecnocracia y a Los maestros sienten, los simuladores
calculan, aquellos tienen inquietudes; estos codicia. Los primeros
sobrellevan sus fatigas por devoción los otros por especulación. Los
simuladores podrán con algún éxito almacenar conocimientos en el niño pero
jamás educarlos, porque para lo primero basta la mano anónima, para lo ultimo
es menester sentimiento y personalidad. Los simuladores pueden tener
ilustración y no pocas luces en la mente, los
maestros como Olivera Cortés tuvieron algo más: emoción y sentimiento.
Las luces se nublan en la tormenta pero los sentimientos perviven con el
ultimo suspiro. Los maestros son apasionados y soñadores, aman a todos y
viven por un pueblo entero; los simuladores son mezquinos, quieren solo a sus
cofrades y no viven sino para su rebaño. El maestro nace en cierta hora de
grandeza y en cierto clima de libertad. Jamás se improvisa. Puede inaudito
revelarse en el frente de la lucha o en el banco de la brega cuotidiana.
Cuando nace un maestro con él adviene una estela, su corazón es el norte de
sus actos y su cerebro ilumina horizontes y abre senderos en el infinito. En
cambio el simulador nace también en un clima propicio en la hora y el tiempo
preciso, en que la virtud de la sociedad se relaja y las facultades del
maestro se embotan o anquilosan. El fracaso del maestro es el éxito del
rutinario, la proporción de éste está en la magnitud de aquél; es la única y
sincera felicidad que les anima y que les da fuerza para vivir. Sin la
desgracia del genio languidecerían irremediablemente. A cada tanteo inútil
del maestro el empírico cobra alientos de titán y su envanecimiento toca
contornos apoteósicos que celebra con inusitado júbilo infantil. Ignorando el
valor de un principio jamás le sirven o guardan devoción, lo explotan hasta
el agotamiento y como aquellos cínicos taladores de bosques; que no
conociendo el afán de plantar ponen fuego a los despojos para solazarse con
el macabro incendio.. Nunca son constantes ni conocen los atributos de Eleodoro Olivera Cortés nace en el pueblo
de Corongo el 27 de enero de 1903; hijo de don
Ezequiel Olivera Bernuí y de doña Etelvina Cortés Encinas. Cursa estudios primarios a cargo
del profesor Cirilo Vásquez y viaja a la ciudad de
Huaraz al Seminario de San Francisco de Sales, donde empieza a destacar como
alumno predilecto obteniendo diploma y medalla de oro del platel por su
Aprovechamiento y Buena Conducta bajo el tutelaje y rectorado del
Excelentísimo Monseñor Mauro Vega Guerrero. Ya en Lima, capital de la republica del
Perú es acogido por Abogado del Estudio Freund
Rossell, donde se tenia en cartera a las Empresas
Eléctricas As., Su
carrera judicial la inicia como Juez de Primera Instancia de la ciudad de Yungay, donde es también docente del Colegio Santa Inés,
dictando los cursos de literatura e historia. Es posteriormente nombrado Juez
titular de la provincial de Pallasca, quedándose 8
años en el cargo desde 1941 hasta 1950, tomándole mucha providencia. Luego en
la ciudad de Huaraz, capital del Departamento de Ancash
es nombrado Juez Instructor. Seguidamente ocupa el cargo de Vocal de Se retira del Poder Judicial
el año de 1961. Viaja nuevamente a Lima y se hace miembro del Colegio de
Abogados en el cual integra la Directiva muchas veces y es miembro de no
pocas comisiones consultivas. Una de las más importantes talvez: la Comisión
de Vivienda, en la que es pionero de la llamada “Casa del
Abogado” y se funda Posteriormente integra
comisiones en el Palacio de Gobierno y Justicia, sobre reformas carcelarias y
es miembro así mismo de las siguientes: n Federación de Abogados del Perú
(asiste a numerosos Congresos Internacionales y locales) . n Asociación de Egresados de n Miembro y Presidente de n Miembro oficial de la Academia de la Magistratura. n Miembro de la Reforma de n Miembro de n Asesor jurídico de la Presidencia de la República en el Gob. De don Fernando
Belaunde Terry ( 1963). n Alcalde A.I. y Regidor de la Ciudad de
Magdalena del Mar en 1972, en el régimen del General Juan Velasco Alvarado. n Fallece en pleno ejercicio de accesoria jurídica el 3 de diciembre de
1996, dejando singulares discípulos, sin lugar a dudas como los doctores:
Elvira Vázquez Cortés, Alberto Yabar Ruibal, Américo Lozano Ponciano, Rosa Maria Garay
Olivera, Dante Augusto Oré Blas, Milagros C. Olivera Mallqui
y Salvador Peceros Perez entre otros. Feliz aquél hombre que puede
desahogar sus tormentos con el llanto. Cuantos traumatismos o deformaciones
interiores se evitarían si todos pudieran vaciar en sus lágrimas la amargura
o el pesar que los corroe. Una tempestad en el mundo sidéreo del alma cuantos
estragos ocasionarían si una lágrima no la condensara en rocío apacible. Las
lágrimas se cuajan como perlas y toman su perfume de aquella flor del amor
llamada Cuando las lágrimas no vienen
a orear el rostro febricitante, un llanto interno se desencadena haciendo
gemir el alma como a un mártir y bullir al corazón como a un caldero. Sucede
entonces lo horrible, el dolor y la amargura se exacerban, hincan, desgarran,
corroen y se convulsionan en el silencio sin que una mano piadosa llegue a
enjugar aquel llanto espiritual que ciega la vista y quema el rostro del
alma. El llanto sin lágrimas es el más cruento, obra como un vendaval y
arrasa inmisericorde como el fuego que arroja lavas o como el cierzo que
congela. Pero como si todo esto no fuera sino un fecundizante o un fermento
brota en el espíritu una flor de esperanza y aflora a la fisonomía el perfume
del consuelo y la sonrisa del amor. Una lágrima en los ojos de
una mujer es una joya inapreciable y un tesoro poético que deslumbra y
subyuga; en los de un hombre, es un título de nobleza y de hidalguía que
convence. En esta ceremonia, en esta
semblanza al Dr. Eleodoro Olivera Cortés, de “Cien Años de Amor”,
de cien años de recuerdos, lloremos su ausencia porque la fe de los amantes
no tiene más pura fuente que el manantial de un llanto sincero. Boston, Massachusetts |