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LEYENDO
A Cecilia
Bustamante Sólo soy poeta. No soy critico
literario. Pero puedo apreciar,
naturalmente, que los escritos de Los instrumentos que se entremezclan
en el trabajo de Olivera son el mito,
la magia de lo imaginado, sus relatos viven fuertemente ‘en el reino de
la fantasía’ hasta hacerse verdaderos.
Son también una fábula generosa que se nos entrega como un don para
ser incorporado a nuestra propia memoria y sus imaginaciones. La evocación constante y minuciosa de esta
fantasía de un pasado que fue, nos dice sin embargo,
“existo”. El testimonio
casi reverente del autor por describir
la grandeza y misterio de nuestro suelo, los parajes de nuestro país
donde las arenillas del oro reverberaban en la ribera de algunos de nuestro ríos. Crecí en la zona minera y puedo dar fe de ello. Luego las hicieron
grises, siempre brillantes pero era el veneno del plomo. Pueblos tristes donde las reverberaciones
de las reverberaciones del poder del Viejo Mundo, y su culturan nos llenó de
culpa, la culpa de ser nosotros mismos y diferentes – esto es lo
que verbaliza Vallejo cuando dice “ un pozo de culpa en la
mirada...”. Esa culpa y
discriminación donde aun persiste es un homenaje largo a la herencia de los
conquistadores y una aceptación de inferioridad. Al leer sobre la costumbre
de los “zampara” en Ancash; surge la realidad de la costumbre inexorable del castigo al cuerpo, a causa
de la larga culpa que ansía ser castigada sin piedad. Se lee esta invocación en un poema citado
por el autor sobre esta costumbre. Mito? Leyenda? Costumbre? Y sobre la realidad del deseo por el ser
amado, es descrita mas bien dentro de una especie de
realidad violenta; se la disfraza pero sigue siendo una realidad pecaminosa,
femenina y castigable para él o la que lo percibe.
Este sentimiento es descrito frecuentemente como devastador, dominante,
impuro - es decir, se resiste
externamente a la idea de aceptar el
sentimiento del amor y la atracción como algo natural. Y si en el fuero
interno se reconoce como natural la realidad de la sangre, surge otro pozo de culpa. La tremebunda opresión
de la religión de la otra cultura. Sin
embargo, se percibe que estas historias humanas, reales o inventadas se hacen
bajo la pluma del autor parte viviente de la conciencia colectiva, son una materialización
al otro lado del espejo del amor. Llanganuco, y
tantas otras lagunas que anidan en nuestros Andes, quedan como joyas
incrustadas en la historia permanente de la patria, sus mitos, sus leyendas,
sus cuentos en los variados pueblos que conforman nuestra
Perú. En muchos lugares del Perú andino existen leyendas sobre el
‘espíritu’ de los puquios, de las
lagunas, transformaciones de antiguos mitos universales. Los ríos, en el registro del autor, quedan
vivientes en su humanizada descripción.
Las tempestades y tormentas persisten
-- darles vida y ponerlas en nuestro recuerdo, son el mejor homenaje
que un escritor puede hacer a su país porque las reincorpora a nuestra
historia y tradición. Quedarán vivos y permanentes recreados por el don que
tiene un escritor como Julio Olivera.
El cree a veces que le faltan adjetivos justos para describir la
fuerza de nuestro pasado cercano aun, mas, cuando lo lean comprobarán que su
mirada de escritor se detiene con fruición en ofrecernos una imagen casi
fotográfica pero intensamente amorosa hacia el Perú. ©Cecilia Bustamante. Austin,
Texas. 2004. Extramares@aol.com Premio Nacional de Poesia
del Peru. Visiting Scholar University of Texas at Austin. Past Arts
Commissioner of the Municipality of Austin. |