A Chela Rachel Canler;

 

Me dirijo especialmente a ti, Chela, por que antes de conocerte me encontraba inmerso en una odisea angustiosa, sintiendo la avidez que sienten los infrahumanos de la muerte. Me sentía como los padres de un  recién nacido se sienten cuando ven que su retoño se retuerce por inexplicables dolores, por anónimas ansiedades, que no dijeron quienes eran por miedo a ser desconocidas. Pero si en esta vida tenemos que encontrar ese complemento perfecto, ese pétalo crucial que nos falta, y cuya ausencia nos mantiene encerrados en el horizonte de un suicidio psicológico, se que lo encontré contigo. Si, contigo toda, contigo agua, azúcar y saturno rosa.

La amistad es uno de los privilegios mas grandes que se nos concede a los hombres, un privilegio que tengo la dicha de compartir ahora contigo. Esta amistad que se desarrolla en un ambiente de jardines y música clásica, que huele a mármol y me deja un sabor a ‘Chianti’ en la boca. Es a ti a quien dedico la siguiente, lírica expresión de mi agradecimiento, que tu inspiras, mi mente reclama, mi corazón grita y esta pluma consagra.

 

Primavera

EL oso ya no tiene quien le arrulle,
el tiempo su anestesia ha diluido,
hubo cumplido ya con su trabajo;
lo protegió del cruel invierno que
le mostró su vida: un gran baldío.
Yacía inmóvil sin voz, ni sol, ni nada,
su amor junto con el se quedo dormido.

Se posó un ruiseñor con tu voz en mi ventana,
una caricia me despertó del dulce sueño,
había sol, había luz, se abría paso la mañana,
el primer gemido de un corazón sin dueño.

Como quien encuentra una perla en el bolsillo
en un acuerdo entre destino y el azar;
así llegó la primavera a mi portal,
con traje blanco, con dos lágrimas, contigo.