malandanza

 

Una mariposa salió a tu encuentro.

Desde un rincón

tu gesto más desprotegido sintió en hueco de tu sombra

 que se prendía fuego y no brillaba.

Pensaste en caballos blancos,

en aguas rojas,

escalaste el silencio con el humo,

predijiste un golpe de pocillo

y hurgaste en los jardines como un pájaro recién emigrado

mientras una rosa de madera se deshacía al borde de tus zapatos.

Recobraste los ojos,

la voz húmeda,

apilaste la astrología de tus huesos contra una pared de transparencias

y desde el otro extremo del universo

un cisne de luz te despeinaba

mientras revolvías un café frío

en el que flotaba

una mariposa muerta.