desmiénteme

Arroja la mañana su ritual humeante

de planetas migratorios.

El pecho enmaletado en cordilleras

toca el torrente con el que los ingratos despertadores abofetean fémures.

Atestigua un balcón de boca abierta

que el cielo se ha prendido fuego

y dejo que el cuerpo circule,

como una lenta cascada de tierra

entre su rutina bien aprendida que le ayuda a no temer,

a creer que el mundo con el que tropieza

es el mismo que abandonó por la noche.

La estirpe de recios bandoneones

golpea una calle sin orillas,

sistemático espejismo donde se ahonda el cansancio de ser tan cotidiano,

tan sin pausa.

La calle huele a embarcaciones,

corchos, raíces recién nacidas,

lágrimas mal curadas.

Desgajo un antiquísimo gemido

al saber que soy un hombre de materia débil y metafísica inconclusa,

una lenta espera con la sangre empobrecida.

No quiero esta mañana,

este golpe,

y sin embargo perduro en mí mismo.

Por favor,

no dejes que me crea estos dolores.

Hurga en mi peso con una magia,

 busca trozos de mármol entre mis escombros,

pedacitos de metales valiosos entre mis baratijas.

Desviste tus sudores

 y desmiénteme por fin.