|
falta El signo de la sangre pretende cantar de una manera
espléndida sobre la extremidad de un abismo, de una lanza bebida dulcemente. En el licor transparente de un
aguacero la nitidez del hambre reclama su
derecho a contradecirse. El deseo es una licantropía sin
amarras, un movimiento permanente en
perpetuo devenir. En los circos donde crezco sobran
equilibristas, payasos con delirios de maestro. Faltan, eso sí, amantes de la vida más que de la
existencia. La forma del amor es un animal enamorado de su
cazador; un castillo de naipes justo en el camino donde cabalgan
corceles desbocados. Falta quien se suba a su quietud y se prenda
fuego. |