|
despedida Tuve un altillo donde sembraba gargantas
apacibles y si la sed me asediaba llamaba agua al agua. Cuidaba que mis criaturas no se fueran a
enfermar si salían en la noche y debían cargar
paquetes. Anduve de profundos amores con una cantante que por timidez no cantaba. Un día bajé y dije: “olvídense que tuve esa cara, olvídense que alguna vez me vieron”. Ellos dieron grandes carcajadas; ¡ah, los tontos! ¡ah, los tontos! Estoy hecho a imagen y semejanza de los
torrentes. Cómo saber cuál soy, yo enflaquecido de mis lágrimas; cuál soy el que hoy se duele tanto. El deseo desborda mis carreteras. Ellos dijeron: “no molestes con esos gritos, igual pondremos tu nombre sobre tu
lápida”. No entendieron nada, yo les hablaba de la vida y ellos me salieron con la muerte; ¡ah, los tontos! ¡ah, los tontos! Escribí sobre mis cautiverios y extraje un par de abreviaturas con un
bello olor a azufre y les dije: “me voy, ya me he ido, nunca estuve realmente”. Saqué un arma que había inventado y les dije: “tengan cuidado que están
muertos”. Ellos volvieron a reírse y disparé sin compasión; ¡ah, los muy
tontos! ¡los muy muertos! |